Elecciones: Lilita va llegando a la ciudad

Hace unos días, durante muchas horas -eternas para el poder-, Elisa Carrió estuvo desaparecida. No la podían localizar ni los incondicionales que hablan con ella ni los macristas que se jactan de tener contacto directo por celular. “No atiende a nadie, algo pasó. No puede no atender en este momento”, conjeturaba un alto funcionario que procuraba alguna certeza sobre la aliada más temida de Cambiemos. Había preocupación porque se supone que transitaba el período en el que ella prometió definir su futuro político y porque, en paralelo, -y en contra de lo que desea el propio Mauricio Macri- desde su cuenta de Twitter se disparaban mensajes contra Ricardo Lorenzetti. ¿Estaba molesta por la posición pública del Presidente contra el juicio político? ¿Podía eso alterar su decisión electoral? Eran preguntas que se hacían quienes conducen el destino del país. Pero lo cierto es que -sabrían luego- no era para tanto: Carrió no atendía porque se le había roto el celular. Cosas de la vida.

Chicos, ¿cómo quieren que responda si me explotó la batería?”, les dijo Carrió, al fin, cuando le acercaron un aparato nuevo a su casa de Exaltación de la Cruz y volvió a estar comunicada. La jefa de la Coalición Cívica llevaba así algo de tranquilidad a su tropa. Aunque no tanta: aquellos que querían despejar por completo la incógnita sobre si será candidata a diputada por la Ciudad o a senadora por la provincia de Buenos Aires -o si optará por esquivar las urnas y quedar posicionada como una dirigente de consulta presidencial- se quedaban con las ganas. “Déjenme tranquila. Voy a hacer lo que le sirva al espacio”, los despachaba. Salvo -en principio- a un selecto grupo de no más de tres personas que dice estar al tanto de la decisión.

Ya está. Lilita ya nos dijo qué va a hacer, pero no te la puedo contar”, aseguró ayer Clarín una fuente del entorno más cercano. “Yo trabajo con la Carrió hace años y prefiero no preguntarle para no irritarla”, decía otro interlocutor válido. “La Carrió” no es un error de tipeo. Así la llaman algunos dirigentes que la acompañaron cuando sacó menos del 2 por ciento en las presidenciales de 2011 y que años después caminaron a la par en la construcción de Cambiemos. Otros, como Macri, cuando hablan sin tenerla adelante la llaman a secas “la doctora”.

La sensación de quienes trabajan con la diputada es que habría definido participar de la contienda en tierra porteña. Al menos tres motivos la habrían llevado a tomar ese camino: es lo que le piden Macri y Horacio Rodríguez Larreta para bloquear la jugada de Martín Lousteau, es el distrito que más conoce y, por otra parte, le evitaría subirse a un tren proselitista mucho más desgastante que el de la provincia de Buenos Aires. “Tiene que cuidar su salud. Moverse en Capital es mucho más fácil”, dicen quienes apuestan a verla en el duelo con el exembajador.

Un funcionario nacional que pasó por su casa varias veces en los últimos meses se desentendía de la ansiedad que reina entre quienes diseñan la campaña electoral. “Lilita es mucho más previsible de lo que los periodistas creen. Ella siempre nos dice lo que va a hacer. Tardamos en entenderla, pero lo logramos”, confiaba. Le adjudicaba méritos al Presidente y a la red de dirigentes macristas y de la Coalición que trabajan silenciosamente en procura de paz. Uno de ellos contaba el secreto que halló Macri para logró en menos de dos años lo que, según él, no pudieron hacer los dirigentes históricos de la UCR: “Mauricio la escucha y no la opera por los diarios. Ese ha sido su éxito para contenerla”.

Fuente: Clarín