El 31 de julio de 2014 fue el punto culminante y más dramático en la relación siempre tirante del gobierno de Cristina Kirchner con el juez neoyorkino Thomas Griesa, que murió ayer a los 87 años. Ese día, luego de arduas negociaciones que se llevaron adelante tanto en Buenos Aires como en Nueva York, la Argentina fue declarada en «default selectivo». Esa fecha era la última que había dispuesto este magistrado para que el Gobierno llegara a un acuerdo con los acreedores que no habían entrado en las dos anteriores reestructuraciones de la deuda.
Griesa dejó una imagen de intransigente en los 15 años en los que se ocupó de recibir demandas de acreedores contra la Argentina. Pero posiblemente esa etiqueta resulte injusta. En realidad, el juez en una primera etapa se cansó de frenar litigios contra el Gobierno de Néstor Kirchner. Fue después de la propuesta de canje inicial de 2005, en la que se ofertó una quita de 76% a los acreedores, que el juez empezó a determinar una serie de embargos contra activos argentinos para que los inversores pudieran cobrar.
Fuente: Infobae


















