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Cornejo, duro con Triaca: “Debería haber renunciado”

El Gobernador mendocino, aliado al gobierno, salió al cruce y dijo que el caso que involucra al ministro estuvo “mal resuelto”

-Empecemos con una pregunta liviana. ¿Es cierto que los gobernadores están celosos del trato que recibe María Eugenia Vidal?

– En general no soy celoso. Pero sí creo que ha sido una exageración para reparar un daño que se le había hecho a la provincia de Buenos Aires darle 60 mil millones de pesos de una sola vez. Y más si la provincia de Buenos Aires no demuestra en su administración que está dispuesta a mejorar su calidad de gestión. Y dárselo así porque sí, sin nada a cambio, sin un plan que lo respalde. No creo que haya sido bueno. Tampoco era bueno mantener el Fondo del Conurbano como estaba.

– ¿Cómo le explica a los mendocinos que es aliado de un Presidente que privilegia a otra provincia?

-No lo veo difícil de explicar porque en todo esos acuerdos mi provincia no sólo no perdió, sino que ganaron las provincias en general. También evitamos que la Corte falle a favor de Buenos Aires. Siempre preferimos un buen acuerdo que un mal pleito.

-¿Le va a plantear todo esto a Vidal como jefe del radicalismo, cuando le toque sentarse a hablar de las candidaturas de 2019?

-Lo hemos hablado con el resto de los gobernadores cuando se habló del Pacto Fiscal. Considero que ella está trabajando bien, que tiene ideas claras. Lo que no sé es si está haciendo lo que hacemos en Mendoza y en otros lados, un trabajo con el gasto muy fuerte. Se lo dije al Presidente. Y a ella también.

-¿Qué le contestaron?

-Ellos se amparan en ciertos pilares sólidos; que no se podía seguir con el Conurbano así.

-¿Y sobre el ajuste?

-Bueno, yo por ejemplo me he puesto muy firme con el sindicato del sector público y veo que en la provincia de Buenos Aires son mucho más laxos en esa negociación. Nosotros pactamos el año pasado un 17% de aumento y ellos dieron un 25 e incluso más.

-Por la buena imagen que tiene Vidal, parece negocio ser más flexible….

-No sé si hacer una relación directa entre la imagen y cómo se administran los recursos. Hay efectos simbólicos más fuertes. Es mujer, es atacada, pero la política que hay que hacer es cerrar casinos. Yo lo estoy haciendo y es la única provincia que lo está haciendo. Los casinos han provocado un circuito perverso, de mayor pobreza y generado por el Estado. Son gestos que hay que hacer, lo mismo que en el tema seguridad. Hemos echado comisarios acusados de corrupción y estamos todo el tiempo limpiando a la Policía, pero también bancándola. Puesto en boca de anuncios en la provincia de Buenos Aires suenan muy bien, pero yo ya lo estoy haciendo.

-Mire que a Vidal la están preparando como sucesora de Macri…

-Yo no estoy compitiendo para nada con Vidal. Me parece una buena persona, una buena gobernante y muy útil para la Argentina.

-¿Cuando usted pone el foco en la seguridad está adhiriendo a la doctrina Chocobar?

-Hay que ser más fuerte, pero no es el mejor ejemplo. En Chocobar está todo mal, desde cómo funciona el Estado. El principal problema de la Argentina no es su economía, sino su Estado. Ese policía estaba mal formado, ese delincuente tenía impunidad total. Ahora, dados los hechos, los gobiernos deben priorizar a las víctimas y no a los victimarios. Pero se necesita una Justicia más alejada de las corrientes abolicionistas o ultragarantistas. Tienen los mejores sueldos y no se hacen cargo del flagelo de la inseguridad. Se habla de crimen organizado, pero está más desorganizado el Estado que organizado el crimen.

-¿Su propuesta de mayor dureza implica una derechización de la UCR?

-Le temo a esos etiquetamientos, porque nos han llevado a ser ineficientes e ineficaces. ¿Ser progresista es darle todos los derechos a los victimarios y no a las víctimas? ¿Es decir que toda la Policía es mafiosa y corrupta? Una cosa es pensar eso al principio de la democracia y otra es pensarlo ahora.

-¿Y qué es ser progresista en Cambiemos?

-El progresismo pasa por ser más eficaz en la resolución de los problemas y más eficiente en el uso de los recursos. ¿Por qué es progresista? Porque los que más necesitan del Estado son sectores pobres y la clase media. Y nosotros queremos representar esos sectores. Un Estado que brinda malos servicios educativos, donde los chicos terminan la primaria sin saber leer y escribir, sin saber las funciones básicas de matemáticas, eso no es de progresistas. Y así ha venido funcionando el Estado en la última década.

-¿Hay que dedicar más energía a combatir la inseguridad que a la inflación?

-Hay que dedicar más trabajo a mejorar el Estado. Así se van a optimizar recursos, con lo cual bajará el déficit fiscal en forma sana.

-¿El Gobierno va en ese camino?

-Va en ese camino, pero va muy lento, porque culturalmente la Argentina tiene asumido que el Estado lo debe hacer todo. Y como lo debe hacer todo, cuanto más grande mejor.

-Macri les dijo a sus funcionarios en Chapadmalal que ‘el Estado no está para limpianos el culo’ y hay quienes lo interpretan como que no hay que aprovecharse de él. ¿Qué hubiera hecho en un caso como el de Triaca?

-En la línea de transparencia el Gobierno ha tenido problemas que los ha resuelto bien. Pero lo de Triaca, con todo el dolor, lo hablé con Marcos Peña, creo que está mal resuelto. Pagaron justos por pecadores. Es una pena, porque es un funcionario muy idóneo para esa tarea. Pero me parece que era menor el costo de que él renunciara que lo que ha ocurrido después con el an uncio de que había tantos familiares en el Gobierno. La verdad es que nadie es imprescindible , el único es el electo por el pueblo, que es Mauricio Macri.​

-¿Piensa cambiar la imagen que tienen en el Gobierno de los radicales: que son quejosos y se la pasan pidiendo cargos?

-Si tienen esa idea es equivocada. Puede ser que alguno individualmente esté pidiendo cosas, pero el radicalismo ha aportado a Cambiemos. Los bloques se han portado de forma disciplinada en temas difíciles de digerir y sin embargo el radicalismo, en un sano debate, lo ha votado, como es el caso de la reforma previsional. Ahora, sí creo que el radicalismo tiene una cultura más de oposición que de oficialismo y no se siente cómodo.

-¿Les cuesta comerse sapos?

-Exactamente. Hay que cambiar el chip y eso me propongo como dirigente. Que tengamos una vocación de poder más fuerte, no sólo a nivel parlamentario, sino que tenemos que tener mayor vocación para administrar el país, más provincias, más municipios.

-¿Cuál es su meta en los dos años que tiene de mandato en el partido?

-Mi meta es que Cambiemos empiece a conseguir mayores resultados desde el punto de vista social, económico, institucional y que el radicalismo sea partícipe pleno de esos logros.

-En 2015 conformaron la alianza con Macri para desplazar al kirchnerismo. ¿Cuál sería el objetivo de mantenerla en 2019?

-En principio, la cultura del populismo sigue muy viva, con lo cual debemos seguir en la misma dirección de persuadir a los argentinos de que debemos ir hacia un sistema económico y social que premie el esfuerzo y castigue la vagancia. Y esos premios y castigos se construyen culturalmente.

-La famosa meritocracia…

-Exacto. Criticarlo es otro prejuicio del mal llamado progresismo. La clase media empobrecida y los sectores pobres creen en la meritocracia, en que cada cual gane por su esfuerzo y no por lo que le da el Estado. Eso no quiere decir que no ayude a los más débiles.

-¿Por qué los empresarios le retacean el apoyo a Macri y no llegan las inversiones?

-El capital es cobarde, y es ingenuo esperar que las variables macroeconómicas generen por sí solas esa lluvia de inversiones. Las primeras que han llegado fueron financieras y siempre ha sido así. Si consolidamos este proyecto es mucho más probable que tengamos más inversiones de los nacionales que sacarán su plata del colchón. Esta etapa requiere de una mayor intervención estatal para proteger a una serie de actividades y disuadir de otras que no son competitivas. Deberíamos trabajar en una reforma laboral pensando en las pymes, donde a ellos les sea muy fácil tomar empleo en blanco y les sea muy fácil despedir si tienen que despedir.

-Y se le viene encima el sindicalismo…

-Hay que romper esas resistencias, apalancados en los sectores pymes y micropymes.

-¿Cuando habla de un ‘populismo vivo’ piensa en la reconstrucción del peronismo?

-En general tenemos una cultura populista. En Chile o en Colombia nadie espera que el Estado le resuelva los problemas elementales. El peronismo es el que más ha contribuido, pero traspasa a los partidos y también los empresarios esperan del Estado.

-¿Le preocupa que el PJ se junte en el balotaje y amenace la reelección de Macri?

-No lo veo como un riesgo inmediato. Al peronismo le falta un liderazgo. Sucede como a fines de los 80, con un sector que quiere reglas básicas de gobernabilidad y otro sin reglas, como fue históricamente. Necesitamos acuerdos para construir un capitalismo serio, pero difícilmente lo conseguiremos hasta que tengamos un peronismo más institucional.

-¿La UCR está condenada al rol de dama de compañía o volverá a pelear el poder?

-De ninguna manera. Al radicalismo no lo veo fuera de Cambiemos. Tenemos que recuperar a la clase media, que es la que más ha perdido en estos años de democracia. Veremos si los tiempos dan para la alternancia.

-¿Viniendo de la política tradicional, como le cae el estilo Durán Barba?

-No me consta que tenga tanta influencia. El marketing no deja de ser una herramienta. Veo que a Macri o a Peña se los menosprecia, pero creo que son buenos políticos.

-¿Va a tratar de ser el vice de Macri en 2019, como proponen en su partido?

– Estoy dispuesto a todo lo que contribuya a Cambiemos. Pero no lo estoy ambicionando y me importa un pito lo que piensen los demás. Tengo mis convicciones. La experiencia Cobos no fue buena.

-¿Qué es lo mejor y lo peor del Gobierno?

-Lo mejor, la convicción de hacer un sistema económico serio. Lo peor, la comunicación. Lo ejemplifico: más del 60% cree que Macri gobierna para los ricos y la verdad es que invierte en los pobres más que Cristina.

-¿Está de acuerdo con legalizar el aborto?

-Celebro el debate. No voy a hacer pública mi postura. La UCR da libertad de acción.

Un fanático de Alfonsín, Godoy Cruz y el cabernet

Alfredo Cornejo se crió en pleno valle de Uco, al pide de la Cordillera, donde saca patente el mejor malbec. Sin embargo, su vino favorito es el cabernet sauvignon. Se declara admirador de Raúl Alfonsín, pero tuvo trato íntimo con Néstor Kirchner y Alberto Fernández para el armado de la Concertación que llevó a Julio Cobos a la Vicepresidencia. Y aunque en 2015 acató la orden de su partido de encolumnarse detrás de Mauricio Macri, en Mendoza consiguió sumar también a Sergio Massa para asegurarse la Gobernación al frente de una fórmula radical pura.

Está a la vista que el gobernador del quinto distrito del país es capaz de caminar por el filo de lo políticamente correcto para armar la hoja de ruta de sus placeres o de sus objetivos políticos. Futbolero de alma, tal vez sólo en su pasión por Godoy Cruz -va a ver al “Tomba” cada vez que juega de local-, se le pueda descubrir una conducta lineal. Cuando juega con sus amigos va al medio, de armador. “Corro poco”, confiesa.

Aunque se define como un “nacido y criado” en la política, descree de la rosca como factor para acumular poder. Prefiere el “prestigio” de la gestión. En eso busca diferenciarse de sus referentes en la Junta Coordinadora, Federico Storani y Luis “Changui” Cáceres, quienes ahora lo corren desde el ala crítica a la relación con el Gobierno. Sin embargo, llegó a la jefatura del Comité Nacional de la UCR por descarte. Nadie se animaba a agarrar el cargo, hasta que surgió un candidato muy cercano a la Casa Rosada, el tucumano José Cano. El ala crítica lo vetó y Cornejo surgió como figura de consenso, insospechada de entregarse mansamente al PRO, pese a su relación de tuteo con el Presidente: venía de torcerle el brazo al Gobierno por el impuesto al vino y en la entrega de un bono a las provincias a cambio del Pacto Fiscal.

De las mil anécdotas que acumuló en su carrera, la más pintoresca es la de su decisión de hacerse radical. Fue luego de recibir la baja en el servicio militar el 20 de marzo de 1982, el día que cumplía 20 años. Cuenta que la toma de Malvinas lo colocó en contra de la corriente de entusiasmo de la mayoría de la población, porque se daba cuenta de la falta de preparación de los soldados que recién entraban a la colimba. Y leyendo los diarios vio que Alfonsín era uno de los pocos políticos que rechazaba la guerra. Sin saber que era un dirigente radical se contactó con un farmacéutico de La Consulta, un pueblo cercano, porque se enteró que conocía al futuro presidente. Y lo llevaron a hablar al pueblo. Ahora se arrepiente de haberle recriminado la Ley de Punto Final cuando fue a verlo, más adelante, con una comitiva de la Franja Morada.

Fiel a las tradiciones mendocinas, veranea en la costa chilena. Suele ir a Viña del Mar y no le huye al agua fría del Pacífico. Asegura que las vacaciones es de las pocos momentos en que puede compartir a pleno con su esposa. Y que le debe más salidas al cine, uno de los gustos en el que coinciden. Para compensar, se quedan mirando hasta tarde series en Netflix.

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