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La cárcel de Devoto será trasladada a Marcos Paz

Lo anunció el jefe de Gobierno porteño, Rodríguez Larreta, quien tomó la decisión tras décadas de reclamos de los vecinos

La cárcel de Devoto es el único establecimiento penitenciario activo dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Pero pronto dejará de serlo. El jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y el ministro de Justicia de la Nación Germán Garavano anunciarán este lunes su cierre y el traslado de los detenidos al complejo de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires.

Inaugurada en 1927 en un terreno donado por Antonio Devoto, era una cárcel de contraventores dependiente de la Policía, que recibía condenados por ebriedad o vagancia. Poco después, empezó a alojar procesados. Y en 1957 pasó a depender del Servicio Penitenciario Federal. Desde entonces se convirtió en un problema, en un espacio amurallado y de máxima seguridad, delimitado por las calles Bermúdez, Nogoyá, Desaguadero y Pedro Lozano.

Tras décadas de reclamos, anuncian la mudanza de la cárcel de Devoto

Durante décadas, los gobiernos nacional y porteño iniciaron proyectos para tratar de avanzar en el traslado de la cárcel, en respuesta al reclamo histórico de los vecinos que piden su cierre. Pero recién la semana pasada, en una reunión de gabinete pública y transmitida a través de la web, Rodríguez Larreta por primera vez confirmó que en lo próximo se desencadenarían modificaciones en relación a ésta cárcel. Ese anuncio parece hoy cobrar fuerza con la difusión de la conferencia de prensa de este lunes.

Según adelantó el Gobierno porteño, el 65% del terreno liberado va a usarse para la creación de espacios públicos, mientras que el 35% restante será utilizado para la construcción de viviendas.

Tras décadas de reclamos, anuncian la mudanza de la cárcel de Devoto

Los terrenos federales donde se asienta la cárcel tienen una superficie de 46.380 metros cuadrados. De acuerdo a estimaciones de inmobiliarias de la zona, las casas o departamentos que están cercanas al penal decrecen en su valuación en al menos un 30%. Es que vivir junto a la cárcel es convivir con los gritos de los presos, con sus familias en los días de visita y hasta ser testigos de los hechos más duros de la historia penitenciaria del país, como la masacre del Pabellón Séptimo en 1978, en la que murieron más de 65 presos quemados, asfixiados y baleados. También representa soportar gritos, batucadas, camiones celulares y hasta detonaciones de disparos.

 

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