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Tarifas: Macri hizo una última jugada, pero aceptó la derrota

El ministro Rogelio Frigerio ofreció el traspaso de Edenor y Edesur a la Ciudad y Provincia. “Ya es tarde”, le contestó Miguel Pichetto

Sobre la hora, como quien ve venirse una derrota dolorosa que dejará secuelas, el Gobierno intentó una última jugada, arriesgada y fuera de los planes oficiales -al menos de Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, que se venían resistiendo- para tratar de tumbar el proyecto opositor que propone paralizar los aumentos de tarifas para este año. A instancias del Presidente, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, le propuso al hombre clave de la oposición en el Senado, Miguel Ángel Pichetto, traspasar Edenor y Edesur al ámbito de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires, como parte de una negociación que venían exigiendo los bloques antimacristas. “Ya es tarde”, le contestó el jefe del bloque del PJ.

Así ingresaba en zona de naufragio el deseo presidencial de evitar el veto en tiempos de caída de imagen y de alta sensibilidad social por la reciente crisis cambiaria y el regreso al Fondo Monetario Internacional.

“Aunque no nos gusta, habrá que apelar al veto. No podemos avalar este disparate”, se sinceraban en los pasillos de la Casa Rosada. Un sector del macrismo evaluaba este martes la posibilidad de acudir a la Justicia, pero al Presidente le parece que sería una forma de embarrar la cancha en medio de las negociaciones con el Fondo. “El veto se conocerá rápido”, admitió una alta fuente.

Macri estuvo las últimas 24 horas más que atento a la infinidad de reuniones que se libraban en el Congreso. Quienes hablaron con él lo vieron ligeramente enojado. “La palabra que mejor lo define es desilusionado”, decía un ministro que no pertenece al área económica, pero que participó de la reunión de Gabinete. “No puedo creer que sean tan irracionales”, afirmaba el Presidente sobre los legisladores opositores.

No hablaba, como suele hacerlo, del ala kirchnerista dura, con la que ya no espera llegar a ningún tipo de acuerdo. Se refería a lo que él mismo llama el “peronismo racional”. Hay quienes especulan que el mensaje grabado del lunes no fue la mejor muestra de cordialidad por parte de Macri. La maniobra de ubicar en el mismo escalafón a kirchneristas, massistas y peronistas federales -o, peor, de que todos fueron arrastrados por “las locuras” de Cristina- actuó como una especie de provocación. Que lo diga, si no, el dirigente peronista que oyó la reacción de Pichetto cuando le transmitieron el contenido del discurso presidencial.

Al Gobierno por estas horas le preocupa el veto, pero también comienza a inquietarle cómo seguirá el diálogo con el peronismo en medio de la discusión con el FMI y frente a la necesidad de seguir sacando leyes. A Macri lo intranquiliza cada vez más el rol de los gobernadores. Lo de siempre, dice: en privado le aseguran que acompañarán las medidas más difíciles (“porque son necesarias”), pero a la hora de la verdad más de uno termina haciéndose el distraído.

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