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FMI: La carta de Mauricio para volver a ser Macri

Directivos del Fondo monetario internacional se inquietan por la situación regional. Fue una gran sorpresa la elección en Colombia

Mauricio Macri aguarda el cierre de la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Su interlocutor obligado de estas horas es el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. El funcionario que está al tanto de lo que ocurre en todos los planos de la entidad. Permanece en contacto con su titular, la francesa Christine Lagarde. Tamiza cada una de las conversaciones que su equipo negociador, donde tallan cuatro personas, mantiene con el staff permanente del FMI. Allí se discuten los números a los cuales deberá ajustarse la Argentina para recibir un socorro financiero. Lagarde hace tiempo que difundió su laudo favorable para tenderle una mano a nuestro país.

El Presidente tiene una necesidad imperiosa. Requiere recuperar la expectativa externa que generó su gestión en los dos primeros años. Cuando el gradualismo pareció posible. Dejó de serlo. La tormenta financiera sembró enigmas gigantescos sobre la factibilidad de la fórmula que prometió reducir gradualmente el gasto público mientras se apuntalaba un proceso de crecimiento módico.

La directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde (izq.), se reúne con el presidente argentino, Mauricio Macri (der.), el 16/03/2018 en la residencia de Olivos en Buenos Aires, Argentina. Lagarde asistirá a la primera reunión cumbre del G20 bajo la presidencia de Argentina.(Vinculado a la cobertura del día de dpa) Foto: Florencia Downes/telam/dpa +++ dpa-fotografia +++

Aquella recuperación de la expectativa externa podría representar el punto de partida de un desafío mayor: renovar su crédito interno que ha caído fuertemente desde la instalación de la crisis. Se trata de la única fórmula posible para afrontar el crucial año electoral que se avecina.

La agenda, en ese campo, resulta sin tregua. Macri debe reconquistar el espíritu societario que demostró Cambiemos en 2016 y 2017. La discusión sobre el aumento de tarifas agrietó su interior. Fue la excusa que le sirvió a la oposición, en especial al peronismo, para progresar con la ley que pretendió establecer límites a los incrementos.

El pecado original habría correspondido al macrismo.

El plan de aumento de tarifas fue ideado por Juan José Aranguren, el ministro de Energía. El Presidente lo convalidó. Pero no se consultó a ninguno de los socios de la coalición oficial. Brotaron las objeciones de Elisa Carrió y del radicalismo.

Elisa Carrió, en el Congreso.(Foto: Guillermo Rodríguez Adami)

Cambiemos terminó siendo derrotado en Diputados y el Senado. Macri no dudó en vetar el proyecto sancionado. Pero ese gesto encerraría una fortaleza muy relativa. Importa quizás al círculo rojo. Casi nada al común de la sociedad cuya valoración pasaría por otro lado. Observará cómo los aumentos de tarifas, sumados a otros, golpearán sus bolsillos. De allí podrá nacer un veredicto sobre el intenso trajín político de las últimas semanas.

La oposición se ha envalentonado. No sólo la política. Se han acortado las diferencias entre Héctor Daer (Sanidad), Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) y Carlos Acuña (Sindicato de Estaciones de Servicio). Por eso los senadores peronistas, de la mano de Miguel Pichetto, se mostraron junto a ellos. Hasta el más prudente del trío se animó a dar un paso al frente.

Conferencia de prensa de los líderes de la Confederación General del Trabajo (CGT), Juan Carlos Schmid (centro), Héctor Daer (der.) y Carlos Acuña (izq.), el 18/12/2017 en Buenos Aires, Argentina. La huelga general de 24 horas convocada por la central obrera en Argentina comenzó al mediodía del 18/12/2017, en repudio al proyecto de ley de reforma de las pensiones que el Gobierno de Mauricio Macri.(Vinculado al texto de dpa "Comienza huelga general en Argentina contra la reforma de pensiones") foto: Analía Garelli/telam/dpa

Daer aseguró que “están dadas las condiciones” para un reclamo. No dijo cómo ni cuándo. Acuña arriesgó más: vaticinó que el jueves podría convenirse un paro general. Estimado para la próxima semana. La fecha que la CGT calcula que Macri haría público el acuerdo con el FMI.

La CGT también posee reparos para la concreción de la medida. No desea quedar a la cola de otras organizaciones que vienen presionando con la declaración de la medida de fuerza. Los primeros en lanzarla fueron Hugo y Pablo Moyano. El hijo del líder camionero posee una mala relación con el triunviro cegetista. La CTA, del kirchnerista Hugo Yasky y Pablo Micheli, hizo lo propio como coronación de la Marcha Federal del viernes último. Que contó con el impulso de los movimientos sociales. Y el guiño de la Conferencia Episcopal que conduce monseñor Oscar Ojea. Un discípulo del papa Francisco.

Acuña declaró que la CTA debe integrarse a la CGT antes de “andar tirando piedras desde afuera”. La ofensiva sindical tendría, por ahora, también sus límites.

No se sabe cómo actuarían ante la eventualidad de un paro los gremios del transporte: la UTA y La Fraternidad.

Pablo Moyano y Hugo Moyano. (Foto: Maxi Failla)

En medio de tanta revulsión y de pronósticos inflacionarios que arrasan con las metas oficiales, el Gobierno logró en las últimas horas una distensión con el gremio estatal UPCN. Cerró la paritaria por un 15% a pagar en tres cuotas. Con un bono por única vez en junio de $ 2000. Y el compromiso de congelar despidos por 60 días.

Macri deberá hacer frente a esa revulsión y tal vez sobrellevarla sin perder de vista el objetivo central. Tendrá que recomponer el sistema de alianzas con los gobernadores peronistas. Porque el acuerdo con el FMI lo demandará para ser practicado. Hay un primer examen que está a la vuelta de la esquina: la ley de Presupuesto 2019 que comenzará a ser abordada en septiembre.

El FMI se ocupó el lunes de divulgar un comunicado a fin de simplificarle la tarea política al Gobierno. Sostuvo que el plan en marcha se ajustará a las necesidades de la gestión de Macri “con un enfoque particular en la protección de los más vulnerables”. Sucedió casi al mismo tiempo que el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, vaticinó que en los meses venideros habrá un “importante aumento” de los niveles de pobreza a raíz de la crisis. Representaría un claro retroceso respecto de las cifras conocidas este año sobre el último trimestre del 2017. Que el Gobierno, en su oportunidad, se ocupó de ponderar como un éxito.

Al margen de sus bondades o maldades, la asistencia del FMI a la Argentina en las presentes circunstancias tendría una explicación que estaría justificada por la realidad política regional. Sumó en los últimos días otra señal de alarma en Colombia. Allí quedó delineado un escenario electoral de balotaje entre el uribista Iván Duque y el representante de Colombia Humana, Gustavo Petro, un senador, economista y ex guerrillero, en su tiempo, del movimiento M-19. Aunque las diferencia de votos entre uno y otro es grande, no dejó de llamar la atención la fuerza con que irrumpió la izquierda.

El FMI había estado en Bogotá en marzo en aplicación del artículo IV del Estatuto de la entidad. Revisión de la macroeconomía. En ese momento hizo una valoración positiva de la estabilidad y los progresos. Pero en los últimos días, después de la primera vuelta electoral, emitió un comunicado en el que advirtió que “la economía de Colombia se encuentra en un punto de inflexión”. Como buscando influir sobre lo que vendrá.

Esa sorpresa estaba en los planes de pocos. A diferencia del sesgo en favor del izquierdista Andrés Manuel López Obrador que toma la campaña en México para las elecciones del primer dia de julio. Las encuestas le adjudican el 92% de chances de ganar. Junto a México está además la incertidumbre del proceso en Brasil. Que votará en octubre con Lula en prisión. La precariedad del Poder Ejecutivo en Perú, a cargo del ex ministro Martín Vizcarra, después de la caída de Pedro Kuczynski por el caso Odebrecht. Y el desmadre generalizado en Venezuela.

No extrañaría, por lo tanto, la voluntad de resguardo del FMI hacia el presidente Macri.

Fuente: Eduardo Van der Kooy en Clarin

 

 

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