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Ricardo Cirielli y los gremios aeronáuticos reactivan las protestas

Los gremios rechazan la política aerocomercial del gobierno. Denuncian que se favorecen a empresas extranjeras y a las llamadas low cost

partir de hoy y por tiempo indeterminado, la alianza de gremios aeronáuticos abrirá un conflicto con el Gobierno que esconde algo más que el rechazo a la política aerocomercial que trazó la gestión de Mauricio Macri .

Siete de los diez gremios que tallan en el sector denunciarán en tándem un “ahogo financiero” de las empresas nacionales y responsabilizarán al ministro de Transporte, Guillermo Dietrich , de “entregar el mercado a los intereses de la industria extranjera”. El último episodio que los empujó a la confrontación fue la resolución firmada la semana pasada con los Estados Unidos para habilitar “frecuencias ilimitadas” entre ambos países. La apertura total de los cielos argentinos, según los sindicatos.

El malestar gremial se trasladará en los próximos días a la práctica. Los gremios prevén activar asambleas y paros sectoriales, aunque no se precisó todavía el calendario de protestas. El sector aeronáutico, en el que trabajan casi 20.000 personas, es particularmente sensible a la conflictividad gremial porque basta con que adhiera una sola rama para que la actividad se detenga. Llamó la atención entre gremialistas y empresarios del sector consultados por LA NACION una propaganda oficial en la que se celebra la cantidad de pasajeros que viajaron por todo el país. El mensaje, firmado por Presidencia de la Nación, es ilustrado con una foto en la que se distinguen aviones de Flybondi, Austral y TAM. No hay ninguna aeronave de la estatal Aerolíneas Argentinas.

Los sindicatos sospechan una intención del Gobierno en debilitar a la línea aérea de bandera, que en 2019 recibiría 200 millones de dólares en subsidios según precisaron fuentes de la compañía. “Está claro que hay un boicot con Aerolíneas, que la quieren liquidar”, coinciden los gremialistas Ricardo Cirielli (personal técnico) y Pablo Biró (pilotos).

El objetivo principal de Dietrich es que Aerolíneas sea rentable y autosustentable, un objetivo cada vez más lejano ante el cierre de destinos, la disminución de su flota y la competencia interna que le surgió tras el auge de las líneas low cost. “Las low cost son parte de la revolución de los aviones y ayudan a que más gente pueda viajar por este medio”, respondieron desde Transporte.

Es curioso: Dietrich, que tiene bajo su órbita Aerolíneas Argentinas, celebra el progreso de las low cost, algunas de las cuales, según los gremios, reciben subsidios estatales para solventar costos y las pérdidas por las tarifas promocionales.

Desde Flybondi, quizá la low cost que más creció en el último año, negaron recibir aportes estatales, salvo un convenio con el gobierno de Córdoba por tener allí más de 100 empleados. Se trataría de una suerte de fondo Repro, que ayuda a pagar una parte del salario de cada trabajador.

La apertura a un modelo diferente, más económico, exitoso en otros países y con legislación laboral más laxa, acentuó la disputa entre Dietrich y los sindicatos. La puja lleva años. Interviene también en la pulseada el secretario de Trabajo, Lucas Fernández Aparicio, quien intentó un acercamiento con los gremios a través del moyanista Juan Pablo Brey (Aeronavegantes). Brey, sin embargo, se desmarcó de la alianza de aeronáuticos y avanza con una estrategia propia para penetrar en las low cost y lograr allí nuevas adhesiones a su gremio.

Los gremios clásicos y tradicionales rechazan de manera unánime la decisión de abrir cada vez más rutas a las low cost, a las que consideran como un desafío a su poder de representación. No poder afiliar a los trabajadores de las low cost inquieta a los sindicalistas. Leen con preocupación que se agranda el mercado, pero que se les achica su negocio, interpreta un funcionario de rango de la cartera laboral.

Detrás de la disputa está en juego la redefinición de la política aerocomercial y un cambio de fondo en las condiciones laborales, con reducción de costos, flexibilización de leyes y controles, y hasta el posible final de los convenios colectivos.

Ya se cruzó una línea que parecía imposible: se rompió el modelo sindical vigente y se habilitó la creación de sindicatos por empresa, como el de Flybondi, que tiene la posibilidad de representar a 570 empleados. La contraofensiva oficial contra los gremios está en marcha. En Estados Unidos, Dietrich dio luz verde la semana pasada para que cualquier empresa tenga su propio servicio de rampa en el país. Fue la estocada que faltaba para quitarle definitivamente el monopolio a los gremios del servicio de atención en tierra para los aviones, una tarea que hasta hace poco era exclusiva de Intercargo, una empresa estatal en la que los sindicatos tienen voz de mando y que alguna vez fue redituable.

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