Puerto Madero siempre fue un mundo aparte en territorio porteño: una mitad separado por diques; la otra, por tránsito pesado y barreras arquitectónicas. Con el Paseo del Bajo, esa grieta se resolvió en parte, impacto que se deja ver bien a dos años de su inauguración.

Todo obstáculo urbano conspira contra una ciudad fluida para los conductores pero también para peatones, patinadores y ciclistas. La grieta de Puerto Madero era múltiple.

Por un lado, estaba la contaminación sonora del tránsito pesado en las avenidas Huergo y Madero. Por el otro, los quiebres o barreras arquitectónicas, sobre todo cerca de Casa Rosada. La gran cantidad de cruces de avenida frenaban la marcha reiteradamente. Tampoco ayudaba el hecho de que Puerto Madero esté 6,5 metros más abajo que el centro histórico de la Ciudad.

Con la división del tránsito en livianos y pesados del Paseo del Bajo, esa fisura fue mermando. Hoy es posible unir ambas zonas a pie casi sin detenerse, o haciéndolo por apenas segundos. También, estar un poco más cerca del río, una deuda porteña histórica.

Una fluidez peatonal que se evidencia también en el tráfico vehicular: más de 15 millones de micros y camiones se sirvieron del Paseo del Bajo para unir el norte y el sur de la Ciudad en menos de 12 minutos.

En pandemia, la utilidad del Paseo del Bajo quedó mucho más en evidencia para los camiones que para el transporte de pasajeros de larga distancia. Con todo, la agilidad que aporta a la circulación de micros seguirá siendo clave ni bien se restablezcan las operaciones en la Terminal de Ómnibus de Retiro, que ya está lista para volver a funcionar, aunque sin fecha definida de reapertura.

Antes de esta autopista, el horario pico de micros de larga distancia coincidía con el del tránsito de la tarde en general: el de quienes partían de viaje en auto y el de quienes volvían a sus casas por el mismo medio o en colectivo.

Hasta la inauguración del Paseo del Bajo, en la zona sólo mandaban las movilidades motorizadas, que compartían corredor vial: vehículos de carga, transporte público, autos particulares y motos. El tiempo para recorrerlo podía superar la hora.

Desde la apertura de esta autovía, los vehículos livianos circulan por las avenidas: Huergo-Madero mano al sur, y Alicia Moreau de Justo hacia el norte. Los pesados lo hacen por la traza exclusiva en trinchera. Según los sensores de AUSA, ya la atravesaron 15.713.180 micros y camiones.

Al cumplirse dos años de esta magnífica obra, AUSA celebró el aniversario con un posteo en su red social de Instagram, dónde se destaca la felicidad de los usuarios del «Paseo del bajo». Miralo.