Macri aceleró la segunda etapa de Gobierno

Por Walter Schmidt (*)

Mauricio Macri parece haber iniciado la segunda etapa de su gestión en la Casa Rosada y promete mostrar su verdadero rostro luego de unos quince meses de gobierno que, más que un cambio, resultó ser un período con duras decisiones pero que, en lugar de certezas, está plagado de incertidumbres hacia el futuro inmediato.

Si bien esa segunda fase estaba guardada bajo siete llaves e iba a ser puesta en práctica si Cambiemos se imponía en las elecciones de octubre, los tiempos parecen haberse acelerado y lo que iba a ser la consecuencia del resultado de las urnas ahora parece encaminarse como el principal contenido de campaña del oficialismo.

La marcha del 1º de abril de apoyo al Gobierno de Mauricio Macri y al bonaerense de María Eugenia Vidal podrían pasar al recuerdo como el punto de inflexión en la gestión de Cambiemos.

Hasta el momento, la «Heidi convertida en león», o como les gusta decir a algunos dirigentes peronistas, «más que Heidi, (Margaret) Thatcher», la gobernadora Vidal había desplegado una estrategia distinta que la nación, aunque avalada por el propio Presidente: confrontar de lleno con algunos sectores y dirigentes de alto rechazo en la sociedad.

«Vidal es consciente de que lo nuestro no pasa por un armado político y que el triunfo en la provincia se puede dar, sólo si ganamos batallas que trascienden a la organización y que la sociedad acompaña», resumió un dirigente bonaerense de Cambiemos. Ergo, la estrategia es ir dando batallas contra las mafias, una a una, e ir avanzando con el apoyo del electorado bonaerense hasta los comicios.

En efecto, la pulseada con el sindicalista docente Roberto Baradel es política: «O él o yo, esa es la única opción que debe plantear María Eugenia y sobre ella decidir la gente», admite un funcionario desde La Plata.

En la Casa Rosada, los tiempos e intereses son otros. Ya que, hasta ahora, con el claro objetivo de que la oposición lo acompañara para aprobar algunas leyes, el Gobierno debió recurrir al erario público para acallar voces disonantes como las de los gobernadores peronistas o el grupo que responde a Sergio Massa.

«Hasta ahora intentamos dialogar, escuchar pero igual nos hicieron casi tres piquetes o protestas por día desde que asumimos, así que es hora de actuar», sintetizó un funcionario.

Macri está decidido a darles peleas al sindicalismo y al kirchnerismo en todos los terrenos. En ese contexto, no en otro, el mandatario primero involucró dentro de las mafias a los gremialistas y estalló el escándalo alrededor del sindicalista de los taxistas y también propietario de taxis Omar Viviani, cuando amenazó en «dar vuelta los coches» que salieran a trabajar y no respeten el paro; al igual que el caso de la estación de servicio en Lomas de Zamora que se viralizó cuando sus dueñas echaron a la patota sindical que responde a Carlos Acuña, uno de los miembros del triunvirato de la CGT.

Luego continuó con el desalojo y la protesta por parte de la Gendarmería en la Panamericana y de la Policía Federal en el Microcentro, lo que inauguró un nuevo tiempo en el abordaje de las fuerzas de seguridad de los piquetes y las protestas, marcado por el endurecimiento de los operativos. Uno de los reclamos de la marcha del 1º de abril.

Lo mismo ocurrió con la política exterior, donde el Gobierno tomó como ejemplo la Venezuela del impresentable Nicolás Maduro —a su lado, Hugo Chávez es un moderado, un estadista—, cuando Mauricio Macri salió a azuzar a la oposición para que revelaran si apoyan o no ese estilo de gobierno.

Tampoco dudó el Ejecutivo en salir a condenar y a pedir la cabeza del juez —y por rebote al emblema judicial del kirchnerismo, Eugenio Zaffaroni— Carlos Rossi, que ordenó liberar a un condenado por violación pese a los informes en sentido contrario, y ese delincuente habría terminado asesinando a la joven entrerriana Micaela García.

El Gobierno, ahora, promete aleccionar a una de las mineras más polémicas por sus reiteradas negligencias contaminando el medio ambiente como la canadiense Barrick Gold.

Claramente, la segunda etapa ha comenzado y pocos se animan a dilucidar el alcance. A modo de estrategia, es riesgosa pero audaz: si sale bien, Cambiemos podría llegar a las elecciones legislativas sin grandes logros en materia económica, pero sí un fuerte mensaje hacia la sociedad. Si sale mal, la suerte del oficialismo sería como las de los miles de damnificados por los temporales en todo el país.

(*) El autor es Periodista, editor de Política de la Agencia Diarios y Noticias (DyN). Conduce el programa “Fuera de control” por Canal Metro y el ciclo radial “¿Que tal estuve?” por FM Palermo (94.7). Co-autor del libro «Scioli secreto» (Sudamericana).