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Cristina Kirchner y De Vido: Relación rota y acusaciones de traición

El exministro K se siente abandonado por funcionarios a los que benefició con el reparto de contratos. El llamado de CFK, que nunca llegó

Cristina no lo invitó a ningún acto de su campaña electoral. Sólo le hizo llegar, quizás sin querer, un mail a la casilla de su secretaria en el Congreso en el que convocaba, en realidad, a todos los legisladores nacionales K a acompañar a la ex presidenta en su nueva aventura en busca de votos. El arquitecto y diputado, aún con fueros, Julio De Vido, nunca respondió. Lo tomó como una comunicación cínica de su ex jefa. Demasiada descortesía y frialdad con él, un ex ministro y dirigente del PJ que antes era el centro sobre el que giraban los intendentes peronistas del Conurbano cuando necesitaban hablar con alguien de la Casa Rosada. De política o negocios de obra pública. Dinero o asfalto. O las dos cosas mezcladas. Desde el Ministerio de Planificación había cosechado con esos jefes territoriales un trato casi diario. De “peronista a peronista”. De “compañeros”, según diría él. El mismo diálogo tenía con los más pesados secretarios generales de la CGT. Y con buena parte de los empresarios más importantes, que ganaban contratos o sus compañías eran beneficiadas: del sector bancario, energía, transporte y obra pública.

De Vido conoce, porque es ordenado, como todo arquitecto, los secretos detrás del reparto millonario de de dinero estatal para obras públicas; sabe perfecto cómo se gestaron pactos que le hicieron ganar mucho dinero a gobernadores e intendentes, gremios, bancos, medios K.

Nadie podrá convencerlo que fue Cristina Fernández quien lo “abandonó”, lo “traicionó”, a él, que tanto hizo con los Kirchner. Que tanto los conoce. De Vido conocía el destrato que podía mostrarle la ex presidenta a dirigentes que se alinearon con ella durante toda su carrera política. ¿Pero dejarlo a él a la intemperie en medio de malas noticias judiciales?

Intolerable para un “compañero”, contestaría De Vido si le preguntasen sobre lo que considera una gran traición tanto de Cristina como de su hijo, el diputado Máximo, al que conoce desde que iba a la primaria. Como contó Clarín el domingo, la relación con la ex presidenta está rota. Más que nunca.

“No pongo las manos en el fuego por De Vido”, dijo Cristina en una entrevista con el periodista Gerardo Rozín. ¿Recién ahora le confiesa a la opinión pública esa valoración que tenía sobre el ministro al que más poder le dio durante su mandato? De Vido , del que se estima que manejó alrededor de 200 mil millones de dólares de presupuesto en doce años.

Detrás de esa frase existe una pelea. Cristina perdió el contacto asiduo con su ex ministro bien ambos dejaron el poder. Ella volvió al llano. Él, asumió como diputado. A mediados de este año, ese vínculo político y hasta familiar que existía entre los y los De Vido-Minnicelli (su esposa, Alessandra Minnicelli, y su cuñado, Claudio), dejó de existir.

Cuando el Congreso trató en julio su primer intento de expulsión ella sólo se habría comunicado con el jefe de bloque K para darle una instrucción tibia: “Hacé lo que puedas”. Fue mucho finalmente. Pero más por la defensa y el ímpetu político que tejió el propio De Vido que por ese llamado a un tercero que hizo la ex presidenta.

Sabía que De Vido no callaba críticas contra ella por lo que considera que es el nacimiento de todos los males que hoy aquejan a los dirigentes que parecían moverse de forma monolítica, los fundadores del kirchnerismo en los 80, hoy todos distanciados entre sí, acusándose de traiciones varias, muchos de ellos enriquecidos, pero en la cárcel. “Cristina es la culpable de que el peronismo haya perdido las elecciones del 2015. Ella y Carlos Zannini (ex secretario Legal y Técnico) odian al PJ, jugaron en contra del partido. Y Daniel (por Scioli), perdió. Ahora estamos como estamos”, analiza el ex ministro, palabras más o menos, según reconstruyó Clarín en base a fuentes del PJ que lo frecuentan, aunque cada vez menos.

De Vido estaba ayer temprano más interesado en saber cómo se iban a comportar los legisladores de su bloque. No pudo creer que ayer el propio Máximo Kirchner, el hijo de su amigo Néstor, hoy diputado y jefe de La Cámpora, evitó estar presente en el encuentro en el que el bloque decidió no bajar a dar la discusión del caso De Vido. Tampoco fue la ultracristinista Diana Conti, que había defendido con argumentos leguleyos a De Vido en la sesión de mitad de año.

El jefe “formal” de ese bloque, Héctor Recalde, no impuso su autoridad para ordenar un criterio de voto colectivo en defensa de De Vido. Hasta la noche del martes, las versiones que llegaban a su casa en Avenida del Libertador tenían que ver con mensajes de los legisladores que le hicieron conocer su postura: lo mejor, para ellos, sería que él renunciara a su banca y no que estuviera de licencia. Si De Vido renunciara, algo que él mismo analizó la semana pasada, los diputados K evitarían tener que defender a alguien que ya no sería parte del cuerpo de legisladores.

Es decir: no tendrían que dar la cara para defenderlo, o para no hacerlo. Si algún integrante del bloque K diera un discurso pidiendo su desafuero (como sucedió con María Emilia Soria) porque se lo ordenó un juez, se caería el relato de la persecución política, como afirmó De Vido en público. En la intimidad, según fuentes del kirchnerismo y del peronismo ortodoxo que aún lo llaman, De Vido responsabiliza a Cristina Fernández por el destino que cree inexorable: vivir en una cárcel un tiempo largo. El diálogo entre ellos no existe más.

El fin de semana pasado, justo cuando empezaron a trascender las broncas mutuas entre la ex presidenta y ex súper ministro, en un celular que suele usar el aún diputado recibió un mensaje de Oscar Parrilli. Clarín pudo reconstruir que el asistente irreductible de Cristina le preguntaba a su ex amigo cómo estaba. Quería verlo, dicen otras fuentes. De Vido no lo respondió. Parrilli habría intentado comunicarse de nuevo, pero mandándole un texto similar a otro interlocutor que vería a De Vido.

Por consenso con el ex ministro, ese otro mensaje tuvo respuesta, aunque tardó. La réplica era seca. Corta. Y real. “Julio está con su familia y analizando las causas judiciales con sus abogados”. Quizás ese contacto repentino que quiso tomar el servidor que hace llamados en nombre de su jefa haya sido el primer síntoma de nerviosismo que ya se habría propagado por la familia Kirchner.

El arquitecto Julio Miguel De Vido esperó en casa de uno de sus hijos viendo la sesión del Congreso, antes de entregarse en Comodoro Py. Antes vio que dirigentes de La Cámpora pasaban por tribunales sin decir una palabra sobre su caso. Se enojó más todavía. Sabe que Cristina no les pidió que lo defendieran. Está, ahora, detenido.

De Vido sabe mucho y calla mucho. ¿Seguirá haciéndolo?.

Fuente: Nicolás Wiñazki en diario Clarín

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