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Cuadernos de las coimas: Tensión y amenazas entre los detenidos

Los investigadores revelaron que hubo cruces entre los exfuncionarios y empresarios; temen que las nuevas revelaciones los compliquen

En la antesala de los procesamientos que dictará el juez Claudio Bonadio , la tensión entre los detenidos por la causa de los cuadernos de las coimas fue en aumento y los investigadores revelaron que hubo fuertes cruces de amenazas entre los acusados más comprometidos.

Tres fuentes que tienen trato con los detenidos y con quienes ganaron la libertad a
cambio de confesiones revelaron que los aprietes se han convertido en habituales
en los últimos días. Sucede que muchos de los que quedaron detenidos no quieren
saber nada de nuevos arrepentidos que los puedan comprometer aún más en la
marcha de la causa e incluso en otros procesos de corrupción abiertos.

El clima en las cárceles se enrareció, cuando faltan pocas horas para que Bonadio
procese con prisión preventiva a la expresidenta Cristina Kirchner como jefa de
una asociación ilícita que recaudaba dinero negro de empresarios que eran
beneficiados con contratos de infraestructura y defina la suerte de exfuncionarios
y ejecutivos involucrados.

El miedo se esparció entre los imputados. Según el relato de fuentes judiciales, el
exsecretario José López y Claudio Uberti -dos exfuncionarios que prefirieron
hablar para mejorar su situación procesal- optaron por romper el silencio
aterrados por las amenazas que les hicieron llegar. No estaban dispuestos a la
convivencia en el mismo lugar de detención. Para salir del mismo techo, optaron
por hablar. Más por temor que por altruismo.

Aquellos encumbrados exfuncionarios y empresarios que se cruzaban en
despachos oficiales actualmente conviven en cárceles bonaerenses. Hace pocos
días, contó un exdetenido que fue liberado, se turnaban para cocinar y evitar la
dieta carcelaria. Aportaban dinero entre todos y uno de los empresarios cocinaba.
Pero el resquebrajamiento del pacto de silencio a partir de la causa de los
cuadernos modificó la relación.
Un ejemplo emblemático fue la transformación de Carlos Wagner, el expoderoso
empresario que manejaba la Cámara de la Construcción durante los años del
kirchnerismo. Wagner estaba preso y compartía su tiempo con otros detenidos.

Pero un día la actitud cambió. El empresario empezó a hacer “rancho aparte” del
resto. Sus compañeros de prisión percibieron que algo iba a pasar. Wagner se aisló
esas horas y sobre su figura fue el empresario Gerardo Ferreyra, uno de los socios
de Electroingeniería, quien ya conocía los códigos de la cárcel.

En 1975, Ferreyra había sido detenido por su vinculación con el Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP). Estuvo nueve años preso y así conoció al
exsecretario legal y técnica Carlos Zannini, de quien se hizo amigo.

Ferreyra fue el elegido para convencer a Wagner de que mantuviera el silencio.
Uno de sus compañeros de patio carcelario recuerda que andaba a los gritos con un
solo objetivo: lograr el silencio del constructor. Fracasó.

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