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Pregunta inquietante: ¿y si los dólares de la soja no llegan?

Por Pablo Andreani.- El aporte del campo podría ser menor que el que espera el Gobierno

Por Pablo Andreani (Ingeniero – Analista agroeconómico) -para Clarín-

El ingreso de divisas proyectado entre enero y octubre de 2019 será menor que el registrado en el mismo período de 2018, el año con la peor sequía de la historia, con un ingreso divisas de US$16.800 millones versus US$18.300 millones. De este modo, habrá una caída de US$1.500 millones en el período con respecto al año precedente. Todo esto a pesar del aumento de US$6.000 millones en el valor bruto de la producción de este año al recuperarse la cosecha de soja y de maíz de la sequía de la campaña anterior.

¿Vendrán los dólares de la soja? El Gobierno espera una avalancha de dólares con el ingreso de la cosecha de soja a partir de abril y mayo, históricamente los meses de mayor venta dela oleaginosa por parte del productor. Pero lo importante no es el ingreso de ese bimestre sino el ingreso a partir de junio hasta el mismo día de las elecciones presidenciales de octubre. Agregando una cuota más de incertidumbre, hay que considerar las PASO de agosto y las sucesivas elecciones provinciales que se han desdoblado de la nacional. A diferencia de los meses previos a la elección presidencial de octubre del 2015, en esta oportunidad la incertidumbre del resultado es mucho mayor y la situación económica es peor. Enfrentar una elección polarizada y en medio de alta inflación, alta volatilidad del dólar, fuerte devaluación proyectada, elevadas tasas de interés y uno de los momentos con mayor presión impositiva a las exportaciones agroindustriales, son suficientes factores de alerta para influir en la estrategia de venta de granos de los productores. Y la venta de granos del productor, su humor, impacta directamente en la liquidación de divisas por parte de los exportadores.

En los meses previos a la elección presidencial de 2015 se produjo una fuerte caída en la liquidación de divisas. Pasaron de US$2.950 millones en junio a US$1.141 millones en octubre. Los productores vendieron cada vez menos granos, hasta llegar a un mínimo en el mismo día de los comicios. Conocido el resultado electoral, los productores reactivaron sus ventas. Este comportamiento se repite todos los años impares como una suerte de dogma, pero se produce un cambio copernicano en el patrón de ventas en años cuando hay elección presidencial.

A febrero del 2019 las ventas acumuladas de los productores llegan a US$3.300 millones y solo el 12% corresponde a soja, US$433 millones. El 88% restante son ventas de trigo y maíz (US$2.260 millones por trigo y US$1.040 millones por maíz). Esto nos muestra que en el trimestre diciembre-enero-febrero ha sido el productor de trigo quien vendió un volumen inusualmente elevado y récord a posteriori de la cosecha. En maíz las ventas han sido muy similares entre el 2018 y el 2019. A partir de este análisis podemos arriesgar algunas tendencias en este año electoral. El próximo round de ventas de aquí a dos meses, por parte del productor, lo hará con el maíz.Será así porque la cosecha comienza un mes antes que la de soja y debido a los rindes récord que se esperan habrá límites en el almacenaje. Nuestro análisis estima que entre marzo y abril el productor venderá un mínimo de 6 millones de toneladas de maíz (US$840 millones) y en el caso de la soja, las ventas proyectadas pueden llegar a los 7 millones de toneladas (US$1.600 millones).

En la liquidación del año pasado se registró una fuerte baja a partir de junio debido a las pérdidas por sequía y excesivas lluvias en la cosecha de soja y de maíz. Entre diciembre y febrero se dio el pico de la cosecha de trigo con precios históricos altos, de US$200 la tonelada. El combo perfecto para que el productor hiciera caja con el trigo. Se proyecta un pico de suba en el ingreso de divisas desde marzo hasta mayo, y a partir de ahí empieza el tobogán hasta las elecciones de octubre.

¿Por qué el productor no venderá la cosecha como desea el Gobierno? En primer lugar hay que mencionar el factor político, la incertidumbre por el resultado de las PASO y luego la elección presidencial, que modifican la actitud de venta del productor y el patrón comercial. A esto se suma un factor doméstico de alto voltaje: la combinación del alto nivel de inflación con elevadas tasas de interés y su arrastre en la variación del tipo de cambio. Este solo factor pone en alerta al productor y lo induce a vender lo mínimo necesario, pues su cosecha cotiza en dólares y se valoriza ante cada suba de la divisa.

Por otro lado, la vuelta a las retenciones y la implementación del plan de retenciones de $4 por cada dólar exportado han vuelto a la Argentina a la primarizacion de las exportaciones. Estamos ante un modelo que no solo no promueve las agroexportaciones sino algo mucho peor: ha destruido la generación de valor agregado y la competitividad de muchos sectores, entre ellos la industria aceitera. Es el sector que más divisas genera para el país, el ícono del pop corn argentino, hasta este año el primer exportador mundial desplazando hace tiempo a los Estados Unidos y a Brasil, y por último, los productos de las economías regionales.

En el tema del impuesto de $4 por dólar aplicado al aceite y la harina de soja hay un error conceptual muy grave por parte del Gobierno. El sector solicita al menos que se baje de $4 a $3 y el Gobierno dice “no queremos subsidiar a ningún sector”. Pero el sector no pide que lo subsidien. Está pidiendo que le quiten un impuesto distorsivo que se aplica en productos de mayor valor agregado que el grano de soja y genera una alícuota en dólares mucho mayor. El sistema actual castiga al valor agregado, deja fuera de competencia al sector aceitero del mercado mundial y hasta del propio mercado interno de Argentina, al no poder competir con los exportadores de soja grano. Para poder competir la industria debe pagar menos al productor; al pagar menos, el productor se resiste más a vender; al no haber una demanda genuina por parte del sector aceitero, habrá una sobreoferta de soja al momento de la cosecha que provocará el colapso en el precio de la oleaginosa. Se perjudica el productor con el menor precio y el Gobierno por impactar en el menor ingreso de divisas, un círculo vicioso.

Hecho el análisis de bajar el impuesto de $4 a $3 para el aceite y la harina de soja, resulta en una reactivación de la demanda por una mayor participación del sector aceitero, un mayor flujo de ventas del productor por freno en la caída de los precios por el aumento de la competencia interna, un mayor volumen de molienda adicional y un ingreso de divisas superior en US$102 millones con respecto al sistema aplicado por el Gobierno. Esto es lo que pasaría si el Gobierno dejara el manual del FMI y tomara el manual de no castigar el valor agregado.

Con el maíz pop corn o pisingallo la situación es también muy grave, el impuesto de $4 y la baja de reintegros generan un sobre costo impositivo de US$60 la tonelada que va a parar a los bolsillos del Gobierno. No existe ningún negocio de trading en el mundo que deje un margen de US$60/ tonelada y el Gobierno demuestra que sí, se puede. El costo de eliminar estas distorsiones para el pop corn es de US$12 millones. El costo de no sacarlo, una fuerte caída de las exportaciones de pop en la cosecha 2019/20.

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