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La pornografía infantil no existe, es abuso

Por ROBERTO RAÚL COSTA.-
Las palabras importan mucho porque a través de ellas construimos sentidos, damos identidad y definimos el mundo

Por Roberto Raúl Costa (*)

Por eso, en  este último tiempo me llamó la atención el modo en que diferentes medios de comunicación se refieren a la divulgación de videos que contienen imágenes sexuales de menores bajo la mal denominada “pornografía infantil”. Si un menor aparece en un video de este estilo, claramente estamos frente a un abuso, a una vulneración de derechos y por ende, un delito. La pornografía infantil no existe.


Así como es importante contar con normativas claras que tipifiquen cada delito, es relevante que enunciemos cada uno de ellos de manera correcta. Cuando hablamos de la industria pornográfica estamos aludiendo a imágenes, relatos, contenido audiovisual sexual explícito o erótico que necesariamente debe darse entre adultos y bajo consentimiento. Los menores de edad no tienen lugar en esta industria y es necesario entender esto porque es el primer paso para visualizar el delito.


Si no existe la pornografía infantil como tal, tampoco existe un consumidor de ella. Por el contrario estamos frente a pederastas digitales que deben ser denunciados y enfrentar el proceso de enjuiciamiento correspondiente.
En la provincia de Buenos Aires venimos trabajando hace tiempo sobre estos temas, promoviendo un Observatorio de Políticas Digitales que nos permita generar estadísticas y herramientas para dar respuesta al vacío legal existente en la materia. También impulsando jornadas y talleres de reflexión destinados a alumnos, docentes, policías, representantes del Poder Judicial, entre otros actores, con el objetivo de generar toma de conciencia, acercar medios de contención y crear entre todos una red para luchar contra delitos como el grooming.


Nuestro Código Penal es claro e introduce penas para quienes cometan este delito. En ese sentido, quien «produzca, financie, ofrezca, comercie, publique, facilite, divulgue o distribuya por cualquier medio contenido sexual (de una persona menor de 18 años),  se enfrenta a penas de hasta 6 años de prisión»  y  «si el contenido divulgado se refiere a un menor de 13 años, la pena podrá alcanzar los 8 años de prisión. Si además es con ánimo de lucro, se prevé un mínimo de 4 años de prisión.


Es necesario el compromiso de todos para poder dar  batalla a este tipo de delitos, que con el avance de las nuevas tecnologías va adquiriendo nuevas modalidades. Sin dudas el primer gran paso es poder identificarlo como tal, porque al hacerlo estamos protegiendo y respetando los derecho de nuestros niños, niñas y adolescentes.

(*) El autor es Senador por Escobar y Presidente del Bloque “Juntos por el Cambio” en el Senado de la provincia de Buenos Aires.

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