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Arroyo: "La situación social está agarrada con alfileres"

El ministro de Desarrollo Social de la Nación, en una entrevista con Infobae, habló, entre varios temas, de sus objetivos de gestión

Foto: Nicolás Stulberg

*Entrevista de Martín Dinatale para Infobae

Daniel Arroyo es directo y frontal. No ahorra adjetivos cuando habla de la pobreza en la Argentina. “La situación social está agarrada con alfileres y por eso no hay margen para escatimar ayuda en el país”, dijo el ministro de Desarrollo Social, quien está convencido de que “las crisis sacan lo mejor de la Argentina”.

Arroyo se trazó dos objetivos bien definidos para su gestión inmediata: reducir la pobreza y construir movilidad social ascendente. En diálogo con Infobae Arroyo habló sobre los planes que acordó con el presidente Alberto Fernández para terminar con el hambre en el país, la ayuda social que se destinará a proyectos productivos y a generar trabajo genuino. Hacia el futuro, el ministro de Desarrollo Social se prepara para una segunda etapa de su programa que es salir de la emergencia y apuntar a un plan al estilo “Bolsa Familia” que funciona en Brasil donde se articulan todas las políticas sociales en las necesidades de una familia.

También Arroyo cree que para desplegar todos estos programas será crucial la tarea de los movimientos sociales y alentó a establecer “programas sociales que trasciendan el gobierno de Alberto Fernández”. El ministro de Desarrollo Social tampoco ahorró críticas al gobierno de Mauricio Macri y se mostró altamente optimista al sostener que “hoy hay condiciones para frenar una caída mayor”.

-¿Cuál es el objetivo de máxima que se fijó con el Presidente para el Ministerio de Desarrollo Social?

-Tengo tres objetivos centrales para la política social de este gobierno. Uno es atender el tema del hambre. Que todos coman y que coman bien. Hay un problema de chicos que comen salteado y también que se alimentan mal, un problema de malnutrición generalizado. El segundo objetivo es desendeudar a las familias y el tercero es vincular planes sociales con trabajo. Esos son los primeros objetivos que nos trazamos. Con respecto al hambre, ya arrancamos con la tarjeta alimentaria destinada a compra de alimentos de la canasta básica para las mujeres con hijos en situación vulnerable, las embarazadas y las personas con discapacidad en situación vulnerable. Ya arrancamos en Concordia y vamos a llegar a dos millones de chicos y un millón y medio de beneficiarios. Eso resuelve en parte el problema del hambre y encara el problema nutricional. En Concordia el 30% del consumo que hubo por estas tarjetas fue leche, carne, frutas y verduras. Hubo una orientación con nutricionistas que siguen el tema. El segundo tema es desendeudar a las familias. Hay una línea de créditos no bancarios del 2 y 3 por ciento para comprar máquinas y herramientas con la idea de desendeudar a las familias de la producción. Esto va a empezar con cuatro millones de personas que trabajan y no pueden acceder a un sistema de crédito bancario con tasas muy altas. El tercer punto de compaginar planes sociales con trabajo. La idea es apuntar a la producción de alimentos, el sector textil, la economía del cuidado y el reciclado. Después vendrán otros ejes con políticas más especificas.

-¿Estos son las medidas de emergencia?

-Son medidas de emergencia para parar la caída, pero sientan la base del cambio estructural. Es decir, si no mejoramos la cuestión del hambre no habrá buenas escuelas o buena educación. Si no desendeudamos a la familia, no se empezará a mover la rueda del consumo y la economía en los barrios. Si no vinculamos los planes sociales con trabajo, no habrá mecanismos de trabajo local. Esto es para frenar la caída y sentar la base para le recuperación.

-Macri quiso hacer el plan Empalme y no funcionó. ¿No teme que haya un estancamiento de las políticas públicas en el asistencialismo?

-El trabajo genuino tiene tres dimensiones. Uno es el trabajo formal, es decir un trabajo con recibo de sueldo. Esa es la idea del plan Empalme y eso hay que potenciar. El que toma un trabajo formal se mantiene durante 24 meses en el plan social. Cuando yo era diputado siempre le preguntaba al jefe de gabinete (Marcos Peña) qué pasaba con ese plan y cada vez informaba que iba bajando más y más. Ocurría porque no había actividad económica y el plan no estaba orientado a las cadenas productivas centrales. Ahí había una falla. Otro tema del trabajo genuino es aquel que se quedó sin su propio trabajo, como el plomero o el gasista que se quedó sin herramientas para trabajar, y el cuentapropista que contempla a unas cuatro millones de personas. La otra manera de crear trabajo genuino es por medio de la capacitación. Hay que apuntar a que se termine la escuela secundaria, un tutor que capacite de acuerdo a la capacidad productiva de cada región. Creo que tenemos todas las condiciones para parar la caída y generar las condiciones para empezar a mover la economía.

-¿Qué objetivos se plantea en términos de reducción del nivel de pobreza?

-Nos planteamos tres escenarios en función de cómo mejora la economía y qué niveles se pueden alcanzar si se logra bajar la pobreza. Pero hay que ser muy cuidadosos con eso. Es que quedamos muy impactados con todo lo que se dijo en el gobierno anterior respecto de este tema y se terminaron banalizando cuestiones. Que la pobreza cero, que el segundo semestre, que brotes verdes… Hay que ser muy cuidadosos con lo que se dice. Pero claramente la Argentina no puede tener los niveles de pobreza actuales.

-¿Conceptualmente cuál es el mandato que le dio el Presidente?

-Tengo dos tareas: bajar la pobreza y construir movilidad social ascendente. Debemos apuntar a que haya menos pobres en la Argentina y terminar con la movilidad descendente, chicos que vuelven a vivir con sus padres porque se quedaron sin trabajo, la clase media que pasa a hacer changas. Hay que reducir la pobreza y construir movilidad social.

Daniel Arroyo en el día de la jura ante el Presidente Alberto Fernández

“La situación social está agarrada con alfileres y por eso no hay margen para escatimar ayuda en el país”

-¿La segunda etapa después de las medidas de emergencia cuál será?

-La segunda gran etapa de políticas públicas es un gran plan para jóvenes. No sólo los que no trabajan ni estudian. Los jóvenes que trabajan también la tienen complicada porque consiguen trabajos precarios, los que trabajan y estudian tienen problemas y aquellos que solo estudian y que los financian los padres tienen problemas a la hora de buscar trabajo. Creo que hay que hacer un gran plan para insertar a los jóvenes en el mundo del trabajo. Hay que vincular escuela y trabajo y establecer una red. Hay una segunda política que es la de la primera infancia. El gobierno de Macri había detectado este problema pero no lo supo encarar. Hay un problema serio en los jardines de infantes. Nuestra tarea no es construir jardines porque yo no me dedico a hacer obra, sino que hay que fortalecer lo que está, mejorar la capacitación y la infraestructura. Entonces el problema de los jóvenes en el mundo laboral y la primera infancia son dos temas centrales que habrá que atender. La otra clave es la población de la que menos se habla que son los mayores de 45 años que salieron del mundo laboral porque los cambió la tecnología. Se cambió la modalidad de trabajo y hay que hacer un gran trabajo de capacitación de lo que tiene que ver con formación en nuevas tecnologías. El otro tema es fortalecer las economías regionales.

-Para todo esto se necesita una contraparte del empresariado o el área productiva. ¿No cree que se escatima ayuda de parte de algunos de estos sectores en la Argentina?

-No es lo que ve. He hablado con todos y creo que las crisis sacan lo mejor de la Argentina. Nosotros presentamos el plan Argentina contra el hambre en octubre en medio de la campaña y empezamos trabajar. El acuerdo que se firmó con los sectores productivos y los gremios también es otra muestra de eso. Veo que estamos ante una oportunidad de salir adelante con tres ejes: uno, la producción y trabajo; dos, la Argentina que se mejora de abajo hacia arriba no con el derrame y, tres, con un gran esquema de promoción del trabajo. Lo veo al sector productivo comprometido en esto.

-¿Usted que estuvo como viceministro de Desarrollo Social de Néstor Kirchner qué paralelos observa hoy de la crisis del 2001?

-La situación social en ese momento era peor. Había 57% de pobreza y 28% de desocupación. Objetivamente era más complicado. No estaba claro el piso de la caída. Hoy a favor tenemos más Estado y gente profesionalizada y capacitada. Y hay más sociedad civil. Como punto en contra de aquel momento hoy vemos mayor endeudamiento en las familias. Hoy el costo de alimentos es mucho más alto. El endeudamiento de la familia antes no existía en estas dimensiones.

-¿Hoy no hay demasiado margen para tirar de la cuerda en la Argentina? ¿No se puede escatimar ayuda?

-No, es que la situación social está agarrada con alfileres y por eso todos debemos poner el acento en lo prioritario. Por eso avanzamos ahora en diciembre y enero con la tarjeta alimentaria. Claramente en Argentina hoy no hay espacio para escatimar ayuda. Lo que definimos en la mesa de acuerdo multisectorial y en la mesa del hambre es la decisión de avanzar con trabajo y producción. Que es importante honrar la deuda pero con los 45 millones de argentinos adentro. Es una buena base para empezar. Argentina no tuvo muchos momentos históricos para generar un buen acuerdo. No veo espacios para escatimar sino para trabajar y trabajar todos juntos.

-¿Cómo funcionará el Consejo del hambre?

-Es un consejo amplio donde están las entidades sociales, la producción, los movimientos sociales, del trabajo y tendrá tres o cuatro reuniones al año con un observatorio en tiempo real que irá marcando el funcionamiento de los planes. Desde esa política pública lo de la tarjeta alimentaria es muy relevante. Y contempla cinco aspectos: la tarjeta, el financiamiento para producir alimento, mejorar la infraestructura básica, el tema de un esquema federal para armar una canasta básica de acuerdo a cada lugar y generar una política de Estado del siglo XXI que trascienda el gobierno de Alberto Fernández y que siga en el tiempo. La idea de que no puede haber chicos con hambre debe trascender a cualquier gobierno.

-¿No cree que la política debe entender que hay que ajustar también aquellos gastos innecesarios?

-La política debe brindar solidaridad y que todos debemos ayudar. El Jefe de Gabinete planteó que la política debe acomodarse a estos tiempos. Estamos en un país con muchos problemas. Esto requiere solidaridad de todos. La tarjeta de alimentos llegará a un presupuesto de $60.000 millones al año y habrá una reasignación de partidas y además está la ley de emergencia alimentaria, que establece que trimestralmente la política alimentaria se ajusta al costo de alimentos.

-¿De dónde se reasignarán partidas?

-Hay muchos lugares para reasignar partidas, acá hay mucho presupuesto subejecutado y se va a terminar con la compra de alimentos centralizada y va haber más compra con tarjeta. De todo eso se conformará un esquema para atender la tarjeta alimentaria y el sistema de créditos no bancarios.

-¿Cuánto se prevé que serán los fondos de Agencia de Inteligencia que se destinarán a ayuda social como anunció el Presidente?

-No lo sé, eso está en estudio y se sabrá más adelante.

-¿Qué dependencias son las que reasignarán partidas?

-Eso no lo sé. Pero hay un compromiso del presidente Alberto Fernández de avanzar en el plan argentina contra el hambre y en una semana pusimos un operativo inmenso. Esto contempla no solo reparto de alimentos sino movilidad de la economía local. Esto es movimiento económico también. En Concordia se empezó a mover la economía del lugar.

-¿Cómo piensa cortar con el manejo discrecional de reparto de fondos a los movimientos sociales?

-La tarjeta de alimentos es un mecanismo que no da espacio al clientelismo o la intermediación. El banco entrega la tarjeta y se entrega con documento a las madres y la tarjeta está a su nombre con un PIN. No hay intermediación. Además vamos a apuntalar el tema de cursos obligatorios en nutrición para orientar a las madres en política alimentaria. Y los créditos no bancarios que se va a dar pro proyectos con la misma lógica. Se cruzarán las bases de datos para ver la necesidades reales de quienes se interesen en ello y una vez transferidos los recursos se compran las máquinas. La tecnología es una gran aliada a la política social porque la tarjeta alimentaria codifica y se sabe lo que consume la gente y con ello se intercambian bases de datos y se puede mejorar la alimentación. Pero también se evita el clientelismo.

-¿Regresarán las manzaneras como en la época de Duhalde?

-El de las manzaneras era un programa específico de la provincia de Buenos Aires que funcionaba muy bien con Chiche Duhalde. Las manzaneras acercaban los alimentos. Lo que habrá aquí es una lógica de acompañamiento. La idea es trabajar en capacitación directamente en las casas y en los barrios. Que las nurtricionistas orientarán a la familia a alimentar mejor y eso con tecnología se puede lograr. Pero la lógica de acompañamiento estará presente. Me gustaría hacer en una segunda etapa un plan al estilo Bolsa Familia de Brasil donde se articulan todas las políticas sociales en una familia. Esto sería para una segunda etapa.

-¿Cree que el Indec funciona bien? ¿Qué objeción le hace?

-No, el Indec está trabajando muy bien. Marcó el 35% de pobreza en junio y en marzo del año que viene dará los datos de este año que con la devaluación de agosto dará seguramente un aumento de pobreza. El gran valor del Indec no es el número sino los manchones de pobreza que muestra. Saber dónde está concentrada la pobreza sirve para enfocar los programas sociales.

-¿Los movimientos sociales serán atendidos? ¿Qué pasará con aquellos que son críticos de su gestión?

-Ellos son parte de la Argentina y no habrá resolución de problemas sin los movimientos sociales. Estos van a formar parte de la gestión y estarán vinculados a la producción con la economía social. Así que son parte de la solución y no vamos a discriminar a nadie. Yo me reúno con todos. Hay distintas miradas políticas, pero todos debemos orientarnos al trabajo.

-¿Qué paso con Juan Grabois que no fue convocado por el Gobierno?

-Tengo mucho respeto por Juan Grabois y creo que esta de parte del lado bueno de la vida. Juan y gran parte de la CETEP son parte de nuestro proyecto.

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