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Exitoso debut del autocine en San Isidro

Bajo la organización del municipio que comanda Gustavo Posse, más de 300 personas disfrutaron de la película ‘Rápido y Furioso: Hobbs y Shaw’, la última de la famosa saga

Es la primera vez de las tres», dice Laura Zarraga, de 45 años, desde la ventana de su auto. En el asiento del acompañante está su hija mayor, Martina Ventura, de 14 años, con una sonrisa que se hace visible más allá del tapabocas. «Solía ir al cine con mis amigas. Ahora no las puedo ver, pero esto es lo más parecido a un programa nocturno que viví en los últimos cuatro meses y, además, es muy original», comenta Martina.

Desde el asiento de atrás, Toti, la hija menor, extiende hacia adelante un recipiente con pochoclos caseros para que su madre y su hermana tomen un puñado. «Los hizo dulces, como nos gustan a nosotras», comenta Zarraga minutos antes de que empiece la función.

Afuera del auto, sobre una pantalla que cuelga de un camión estacionado delante del río, se proyecta, una y otra vez, la publicidad previa a la película. No es un trailer, sino un mensaje de la Municipalidad de San Isidro aconsejando el cumplimiento de la cuarentena. Mientras tanto, un grupo de empleados con mamelucos blancos, barbijos, máscaras, guantes de látex y linterna en mano guía a los autos entrantes para que estacionen en los lugares previstos de Malloys, un restaurante en el bajo de Martínez, San Isidro. Los espacios disponibles -unos 60- son ocupados en su totalidad minutos más tarde.

La película elegida para el avant premiere del autocine de San Isidro, llevado a cabo anoche, fue Rápido y Furioso: Hobbs y Shaw, la última de la famosa saga. Este programa, que se inaugura de manera oficial el viernes próximo, es una iniciativa de la municipalidad, que cedió la concesión a Malloys. Además de su estacionamiento, este restaurante ofrece su gastronomía y la hace llegar al público a través de un mecanismo de delivery al auto.

Según informaron fuentes del municipio, las entradas para las funciones de los primeros tres días ya se encuentran agotadas. El costo de los tickets, que se venden únicamente por internet, es de $1200 por auto. Para evitar el riesgo de contagio, el audio de la película se transmite a través de dos sintonías de radio, una en español y otra en inglés.

A partir del viernes, el autocine del bajo de San Isidro va a funcionar de martes a domingos con un horario para cine infantil a las 18 y uno para adultos a las 21. Los viernes, sábados y domingos se sumará una función trasnoche. Según informó Gustavo Posse, intendente del municipio, su idea es extender este proyecto más allá de las fronteras de la cuarentena y mantener una oferta de autocine de manera fija. A su vez, también comunicó la intención de abrir otro en el shopping Soleil para mediados de agosto.

El evento inaugural de ayer fue un punto se goce familiar y también de reunión para familias y parejas. Muchos de quienes fueron no lo hicieron solo por la película, sino más bien por la experiencia, que describieron como especial y única, en medio del contexto actual de confinamiento.

«Vos no sabés qué película vinimos a ver, ¿no?», pregunta Alexis a Natalia -los dos jóvenes prefirieron preservar su apellido-. Ella, que está sentada a su lado en el auto, niega con la cabeza y se ríe un poco incómoda. Es la primera vez que se ven: Alexis y Natalia se conocieron por medio de una plataforma virtual de citas durante la cuarentena y, dadas las circunstancias, no habían podido salir al cine o a comer, como hubiesen querido. Ambos aprovecharon esta oportunidad para conocerse en persona, compartir una película y pedir comida. «Nos acaban de mandar el menú por WhatsApp -cuenta Natalia-. Creo que vamos a pedir una hamburguesa. Qué rico. Hace meses que no como una».

En el auto de al lado, una mujer baja la ventana del acompañante para intentar comunicarse con una familia amiga que está dentro de otro auto y en una hilera diferente del estacionamiento. «¿Vienen ustedes para acá o vamos nosotros para allá?», le grita con el barbijo puesto. Luego se llaman por celular y acuerdan estacionar una al lado de la otra. Los hijos de las dos familias, en los asientos de atrás, también bajan las ventanas y mantienen entre ellos una conversación paralela a la de sus padres.

«Somos tres familias distintas en tres autos. Está bueno coordinar para venir porque es lo más parecido a hacer un programa juntos», dice Mariela Suárez, una de las madres del grupo.

Como el espacio que ahora se utiliza para el autocine solía funcionar como estacionamiento de un restaurante, las divisiones de los autos ya estaban señalizadas en el piso del terreno. Para mantener un mayor distanciamiento, los organizadores colocaron un auto cada dos lugares, permitiendo el ingreso de 60 automóviles por función, la mitad del cupo real del estacionamiento.

Las normas obligatorias del evento, que fueron publicadas en un decreto del intendente, exige, además, que solo compartan auto aquellas personas que conviven. Esta condición no fue respetada por todos los participantes, pero sí por la mayoría de los que asistieron a la avant premiere.

 

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