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El Futuro llegó hace rato

Por HERNÁN ALBISU.- Como aprovechar la experiencia de la pandemia para promover el consumo sustentable y el desarrollo sostenible

Por: Hernán AlbisuAbogado y especialista en Defensa del Consumidor / Para www.TodoProvincial.com

Sin duda los grandes ganadores durante la pandemia fueron los sectores tecnológicos, y si bien en nuestro país debatimos mucho por los recursos que nos dio la naturaleza, la industria del software genera más exportaciones que muchos sectores tradicionales.  

Casi todos los avances tecnológicos que gozamos actualmente existían antes de que conociéramos el covid 19 y sus efectos sanitarios y sociales. La gran diferencia que vivimos en estos meses, es la aceleración o masificación de su utilización por diferentes sectores de la sociedad que antes eran reacios a utilizarlos, por no generarle confianza o no sentirse cómodos con ellos. 

Ya sea compras a través de comercio electrónico, operaciones financieras, reuniones virtuales, utilización de aplicaciones para la salud y el bienestar, entretenimiento, todo fue intermediado en estos largos meses por la tecnología. 

Fue forzado por las circunstancias. Lo que algunos pensaban que iba a tardar algunos años en hacerse habitual, la pandemia y cuarentena lo transformó en semanas y meses. 

Lo mismo podemos advertir sobre el teletrabajo o el trabajo de oficina en la casa (home office), un hecho que se hizo tan masivo que el congreso está trabajando legislación sobre el tema. Más allá de las opiniones diversas sobre la conveniencia o no de legislar y eventualmente de qué forma se lo hace, el hecho o fenómeno en sí, llegó para quedarse y expandirse. 

Pero puestos en esa situación, este efecto no pensado de la pandemia, lo podemos utilizar para que el tan bendito día después, nos encuentre tratando de tener un país, una Argentina, en el camino del desarrollo sostenible. 

Ahora bien, desde hace unos 25 años aproximadamente el sentido aceptado del desarrollo sostenible reside en concebirlo en su triple dimensión; de protección del ambiente, de desarrollo económico y  de desarrollo social.  

En esta idea general se inserta lo que entendemos por consumo sustentable que es “el uso de bienes y servicios que responden a necesidades básicas y proporcionan una mejor calidad de vida, al mismo tiempo que minimizan el uso de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones de desperdicios y contaminantes sobre el ciclo de vida, de tal manera que no se ponen en riesgo las necesidades futuras”i 

Bajo este marco situacional, rescato lo que hace 46 años escribía el Presidente Juan Domingo Perón en su obra Modelo Argentino para el Proyecto Nacional:  

Las mal llamadas “sociedades de consumo” son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto, porque el gasto produce lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos y, entre estos, a los que deberían ser de consumo duradero con toda intención se les asigna corta vida, porque la renovación produce utilidades”. Allí se adelantó al concepto que hoy conocemos como obsolescencia programadaii. 

Luego se explaya (en el año 1974) con palabras que para nosotros que vivimos en el 2020 encuarentenados por la pandemia del Covid-19 tienen increíble actualidad:  

Mientras un fantasma –el hambre- recorre el mundo devorando 55.000.000 de vidas humanas cada 20 meses, afectando hasta a países que ayer fueron graneros del mundo y amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas, en los centros de más alta tecnología se anuncia, entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayo láser y que las amas de casa harán sus compras desde sus hogares por televisión y las pagarán mediantes sistemas electrónicos. La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible que parece que estuviera constituida por más de una especie.”iii 

Hoy, como la letra de la canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, podríamos decir que “el futuro llegó hace rato”. 

Por eso, en esta cuarentena, quiero poner de resalto 2 casos puntuales en distintos sectores que pueden servir como ejemplo de aprovechamiento de las innovaciones tecnológicas en favor del cuidado del medio ambiente, favoreciendo el desarrollo económico y social de nuestra ciudadanía.  

UN PAR DE EXPERIENCIAS ALENTADORAS

En el Sector Público

El Juzgado en lo Civil y Comercial Número 2 del Departamento Judicial de Azul, hace ya unos años se viene destacando por llevar adelante algunas medidas de innovación tecnológica que, en un contexto en general muy conservador como lo es el fuero civil y comercial del poder judicial de la Provincia de Buenos Aires, las hacen verdaderamente revolucionarias para nuestra realidad. 

Lo realizado, que está motorizado por la decisión de gestión de quien está a cargo del organismo, el Juez Rodrigo Bionda, es ni más ni menos que el aprovechamiento de las posibilidades que le brinda la tecnología en la actualidad. Edictos publicados en Twitter, sistemas de notificaciones por whatsapp, audiencias utilizando sistema de videoconferencias, sentencias “interactivas”, logran en definitiva el objetivo tan mentado del expediente electrónico. 

Utilizar las plataformas y posibilidades tecnológicas que nuestro tiempo pone a nuestro alcance, en este juzgado significó “despapelizar” todo el trámite. Si todo está almacenado en las computadoras, sistemas y servidores del poder judicial, en distintos archivos electrónicos, ya se hace prácticamente innecesario la utilización del papel y de la impresión. 

Esto nos lleva a ver seis planos positivos de la cuestión. Primero (Y principal), el ambiental, ya que no se degradará el ambiente para que consumamos toneladas de papel a diario. El segundo, se favorece el acceso a la justicia de aquellos que están en localidades alejadas de los Juzgados de Paz o Cabeceras de Departamento Judicial. El Tercero, el esfuerzo, espacio y costo logístico de almacenar expedientes papel desaparece. Cuarto, se aceleran ciertos pasos procesales que hasta hace muy poquito solo se hacían en papel con notificadores (oficios, notificaciones por cedula, etc.) ralentizando la llegada de una sentencia o decisión judicial sobre un conflicto. Quinto, se resignifica y jerarquiza la labor del trabajador judicial, pudiendo dedicar su tiempo mayormente al trabajo sobre las decisiones a tomar en los expedientes en sí y no a otras cosas propias de la era del papel (como los “meritorios” que cocían expedientes). Sexto, se logra un gran ahorro económico (Solo en un juzgado se calcula aproximadamente un ahorro de $600.000 anuales en la compra de papel). 

En el sector privado

Las empresas fintech

En un país que acumulaba dos años en recesión cuando llegó la pandemia, las empresas de “fintech” se han convertido en la otra cara de la economía argentina: mientras otros sectores se tambalean, sus cifras de negocio siguen aumentando día a día”.  El extracto corresponde al diario “La Vanguardia” de España del día 7 de Julio pasado.iv 

Esto se debe principalmente a dos factores: casi todos los argentinos tenemos un teléfono inteligente y, pese a que la mayoría tenemos cuenta bancaria, aproximadamente siete de cada diez no somos atendidos de manera suficiente o eficiente por los sectores financieros tradicionales. 

Como ya dije, las medidas de confinamiento y la recomendación de no usar dinero en efectivo hicieron que los servicios que brinda este sector crezcan enormemente.  

En nuestro país este tipo de empresas se ha duplicado en los dos últimos años pese a la crisis: de 133 compañías existentes en 2018 pasaron a más de 250 en la actualidad. Según la Cámara que las nuclea le dan trabajo a aproximadamente 10.000 personas, tienen 10.000.000 de clientes y exportan servicios por u$s 7.000 millones. 

Alguna podrá preguntarse ¿En que beneficia al desarrollo sostenible que crezca esta industria? 

Volvemos al ejemplo de lo que pasaba en el Juzgado. Cada operación que antes se hacía en papel ahora se registra en forma electrónica en las apps o páginas de estas plataformas financieras, hay menor necesidad de traslados a sedes físicas, con el consiguiente ahorro de tiempo y combustible y además es una forma de democratizar el acceso a diversos bienes para una gran mayoría de personas.  

La transferencia bancaria que antes hacías yendo a la sucursal de tu banco en el centro o en el mejor de los casos a unas cuadras de tu casa o trabajo, ahora la podes hacer tomando mate desde una computadora o con un teléfono móvil. Ahorras tiempo, plata y contaminás menos. 

En el mismo sentido, si pensamos en el trabajador de una empresa, estudio o repartición pública, que vive a media hora o más de traslado a su lugar de trabajo, debemos agregar que el viaje en cualquier vehículo de combustión (público o privado) también deja de ser un factor contaminante, además que la persona gana tiempo para sí mismo y se ahorra el costo económico. Si se terminan de encausar en forma armónica para todas las partes involucradas, las relaciones de teletrabajo le pueden generar un ingreso extra por ahorro al empleado. 

La lección u oportunidad que tenemos luego de la pandemia, es intentar lograr que la utilización de la tecnología evite –en palabras del Presidente Peron– el despilfarro de recursos naturales, humanos, energéticos, logísticos, de tiempo, logrando un mayor cuidado del ambiente y personas con hábitos de consumo sustentables, integradas en las comunidades donde viven, permitiendo el desarrollo sostenible de nuestra Nación.  

La realidad que nos toca vivir, necesita que impulsemos las ideas creativas que tienen miles de personas  en nuestro país, sin crearles cargas innecesarias, protegiendo la competencia y con ella al consumidor final de los bienes y servicios.  

Los avances que logremos, van a brindar soluciones tanto en el sector privado como el público, mejorando también la productividad y el trabajo. 

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