Por José Ignacio De Mendiguren* -para Perfil-

En nuestras intervenciones públicas, las entidades empresarias y sus principales voceros solemos reclamar por la seguridad jurídica, la transparencia y el funcionamiento republicano. Y está muy bien que lo hagamos. Sin embargo, pocos se dan vuelta a preguntarnos cómo definimos al interior de nuestras propias entidades esas cuestiones, ni de dónde emerge la representatividad que nos arrogamos.

Hace unos días, por ejemplo, la Sociedad Rural (SRA) eligió a sus nuevas autoridades a través de una elección entre sus socios. Es la segunda elección consecutiva que lleva adelante la SRA, que hasta 2018 hacía casi tres décadas que no votaba.

La Unión Industrial Argentina a la que pertenezco y considero mi segunda casa, en cambio, optó otro camino: la formalización de una lista de “unidad”. El uso de las comillas en la palabra unidad no es casual.

Hace 30 años que participo activamente en la entidad, la más diversa en términos regionales y sectoriales, uno de los mejores equipos técnicos del país y una historia de 134 años que evidencia la vocación de nuestro país de ser un país industrial y desarrollado. En Argentina hay más de 50.000 empresas industriales y la UIA tiene el mandato de representarlas. Allí reside la fuerza de su representatividad. Ni una empresa, ni dos, ni tres, pueden arrogarse la representación de tantas.

Por eso, en estas últimas semanas no pude dejar de señalar en público, como lo hice al interior de la entidad, mi discrepancia con la forma en que la Unión ha elegido a sus nuevas autoridades. La discusión pública se posó sobre mi caso, pero soy apenas un ejemplo de muchos otros industriales que sienten lo mismo que yo. Habiendo sido dos veces presidente de la UIA y otras tantas secretario, solo me empuja la pasión por defender mis ideas para que la Unión sea la voz de todos los industriales, pero sobre todo de aquellos industriales que no tienen voz.

En Argentina hay más de 50.000 empresas industriales y la UIA tiene el mandato de representarlas

¿Qué pasó? Hace unas semanas la Junta de la UIA decidió avanzar con una lista de unidad entre dos sectores, con el abogado laboralista Daniel Funes de Rioja como presidente y el industrial pyme Miguel Ángel Rodríguez como secretario. Ambos sectores se comprometieron a acordar una conformación para el Comité y la Junta, y se delegó en ellos la responsabilidad de confeccionarla para luego someterla al consenso de todos.

Mi sector, al que pertenece Miguel Ángel Rodríguez, me propuso como representante por la Cámara de Indumentaria en el Comité. Sin embargo, del otro sector se dijo que yo no debía estar. Es más, en un mensaje enviado a Rodríguez, el presidente entrante condicionó todo el acuerdo de unidad a que yo no estuviera en el comité y amenazó con que, de insistirse con eso, se rompería la entidad.

Desde el inicio pedimos al presidente entrante que se explicitaran y transparentaran los criterios con los que se confeccionaría la propuesta de unidad. Eso nunca ocurrió, ni las Cámaras recibieron con antelación la lista acordada, aún el mismo día en que tenía que ser votada. Indumentaria, por caso, es uno de los sectores que más valor agrega en la cadena textil, hace 85 años que es parte de la UIA y tiene tres votos en el proceso. En el nuevo comité hay representantes de cámaras con un solo voto, y hasta dos vicepresidentes de una sola empresa (Techint) por primera vez en la historia, que representan a una cámara que tiene cuatro votos (acero). En democracia, una exclusión sin motivos ni criterios claros es de mínima una censura, de máxima una persecución.

Ante esta realidad, mantuve conversaciones individuales con prácticamente cada uno de los integrantes de la entidad, para saber si alguien me vetaba y, de ser así, cuáles eran los motivos. Nadie me manifestó ningún veto, sino todo lo contrario. En todos los casos se destacó mi honorabilidad como dirigente y trayectoria en la entidad, así como la importancia de contar en la conducción con una persona que defiende en cada lugar dónde le ha tocado estar los intereses de la industria, entre ellos Ministerio de la Producción Nacional, la Cámara de Diputados y en la actualidad el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). Solo no obtuve respuesta de un llamado que hice a Italia.

Ante el veto y la amenaza de ruptura opté por liberar a mi sector y cargar solo con la arbitrariedad

El problema de fondo no es Mendiguren. El problema es que la conducción definida entre cuatro paredes, sin criterios transparentes y con una predominancia notoria de las grandes empresas formadoras de precios, que ocupan los cuatro primeros lugares jerárquicos a fuerza de imposición, muestra la vocación de que la UIA sea un espacio de confrontación con las autoridades más que de defensa constructiva de una visión de país industrial y desarrollado. El discurso de asunción del nuevo presidente fue una comprobación de esa sospecha: una enumeración de reclamos y críticas que ni siquiera tomó nota de que los industriales asistimos durante esta pandemia inédita al mayor rescate del sector público a nuestro sector del que tengamos memoria. Como dijo el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, “fue un comienzo de gestión incomprensiblemente malo”.

Creo, como creí siempre, que la UIA tiene que defender sus intereses a partir de influir, persuadir y convencer de que nuestro proyecto es el mejor para toda la Argentina y no a partir de confrontaciones estériles y de suma cero. Los debates internos son válidos y sanos, y se resuelven con transparencia y buscando síntesis a partir de reglas claras. Solo así vibran y crecen las instituciones de una sociedad democrática: nunca entre cuatro paredes, nunca entre gallos y medianoches.

Por mi parte, ante el veto y la amenaza de ruptura opté por liberar a mi sector y cargar solo con la arbitrariedad para que la Unión siga en pie, y mirar hacia el futuro. Pero no me callé y dije lo que tenía que decir en el ámbito que corresponde.

Yo creo en una UIA conducida por un industrial, que sea parte de un proyecto de Nación en este Siglo XXI como el que pensaron sus fundadores, visionarios, en el Siglo XIX: el de una Argentina industrial, desarrollada e inclusiva.

* Empresario industrial. Ex presidente de la UIA. Presidente del BICE.